martes, 13 de mayo de 2014

LA ESENCIA DE MÉXICO
Por Rolando Salas Salas.
México, tierra bañada de multicolores gracias a la herencia de sus antepasados y la llegada de los conquistadores, mezcla que da origen a la cultura y a las tradiciones que lo identifican, le dan significado en el mundo entero y lo hacen único por las festividades que con gusto se desbordan por todo el territorio nacional.
Ya sean eventos de tipo religioso, patrio o simplemente por el gusto de convivir, de reconocer a una persona o de preservar un estilo de vida, la gastronomía, la vestimenta,  los bailes, la música, el folklor y la algarabía se hacen presentes para mostrar la identidad que representa a los mexicanos en cada confín de la tierra.
Cuando se tiene la oportunidad de vivir el ambiente de las festividades mexicanas, el invitado se sumerge en un panorama lleno de significados, en donde es posible ver y descubrir la esencia de México y su rico pasado que cada vez está más vivo, pero y, ¿dónde nace esta fiesta permanente de colores?, ¿cómo es que cobra fuerza en el mundo actual cuyos rasgos de la globalización se convierten en amenazas latentes de homogeneización cultural?

Según datos aportados por la Secretaria de Turismo (2013), entre los años de 1519 y 1521 bajo el mandato del Rey Carlos I llegó al puerto de Veracruz el gran conquistador Hernán Cortés quien quedó maravillado por toda la riqueza que se mostraba ante sus ojos invitándole tal vez, a codiciar lo que por derecho no le pertenecía, es así que el 13 de agosto de 1521 la ciudad de México-Tenochtitlan cayó en poder de los conquistadores españoles, después de dos años de enconados intentos bélicos, políticos y conspirativos. Desde ese momento dos culturas se unieron para construir un país lleno de colores, tradiciones y festividades que son derivadas de la religión católica y los ritos de aquellos antiguos pobladores de México-Tenochtitlan que a pesar de los duros embates siguieron preservándose en lo que se llamó la Nueva España.
Pese a ello, es imposible negar las acciones realizadas por los españoles para lograr la conquista espiritual del pueblo mexicano, produciendo cambios importantes en los hábitos, en las tradiciones y ritos de orden religioso para adaptarlos a los usos y costumbres que exigía la cultura de este tipo que se trataba de imponer.  Surge así una celebración cuaresmal y una navideña hasta entonces desconocida por los nativos conquistados, se introducen también nuevos productos comestibles que se mezclan con los ya existentes dando origen a una gastronomía única y deliciosa pero fortaleciendo también a los platillos prehispánicos que gracias a la llegada de los Españoles pudieron ser degustados por los más exigentes paladares Europeos (como es el caso de los guisos de nopales, flor de calabaza, huauzontles, verdolagas, papas, moles y tamales, por citar algunos).
El culto a los fieles difuntos aunque tiene su origen en los pueblos prehispánicos, hoy tiene mayores similitudes con los elementos de orden religioso que impusieron los conquistadores, afortunadamente en muchos pueblos mexicanos estas tradiciones y costumbres siguen vivas de generación en generación y guardan esa peculiaridad con que los mexicanos se ríen y juegan con la muerte.

Mención especial merece la celebración más mística y llena de fe que se pone de manifiesto el 12 de diciembre en conmemoración a la Santísima Virgen de Guadalupe madre de todos los mexicanos. De acuerdo con algunos  registros la primera noticia que se tiene de este festejo se remonta hacía el  año de 1667, cuando por mandato del Papa Clemente IX se instituye este día de fiesta para todos los católicos, inclusive en 1824 el Congreso de la Nación declara la fecha como fiesta nacional comenzando con las tradicionales mañanitas el día 11 en punto de las 12 de la noche lo cual es uno de los actos de fervor religioso más notables del continente, con el fin de rendir tributo a la Virgen en su día.
Al paso de los años y sin perder de vista los acontecimientos políticos, sociales, económicos y culturales que se vivieron en México desde su conquista hasta la independencia, también las festividades comienzan a evolucionar e incorporar  a sus celebraciones acontecimientos que marcaron el destino del país, tal es el caso de la lucha de independencia encabezada por el Cura Miguel Hidalgo y Costilla en 1810, cuya relevancia es apreciada dos años más tarde (1812) por el General Ignacio López Rayón quien conmemoró por primera vez este acontecimiento; los festejos iniciaron al alba con una descarga de artillería y una vuelta general de esquilas, para después asistir a una misa con su escolta y una compañía de granaderos y dar gracias por los acontecimientos. Finalmente, se declaró el 16 de septiembre como día de fiesta nacional en la Constitución de Apatzingán; decisión que fue ratificada por los Congresos Constituyentes de 1822 y 1824 (Secretaria de turismo, 2010).

Derivado de lo anterior, en 1825 fue la primera ocasión en que el 16 de septiembre tomó forma de fiesta nacional. Las autoridades de la Ciudad de México publicaron un bando en el que se pidió a los ciudadanos iluminar sus casas, ventanas y balcones con cortinas, flámulas y gallardetes, después se efectuó un desfile que llegó a Palacio Nacional. Por la tarde se realizó un paseo en la Alameda y bailes de cuerda, en los que participaron músicos militares,  por la noche se brindó un espectáculo de fuegos artificiales, todo esto con fines cívicos y religiosos (Sitio México Desconocido, 2010).
Con lo expuesto hasta aquí es posible darse cuenta que la mayoría de los festejos del pueblo mexicano se originan con fines religiosos y a pesar del avance de la ciencia y la tecnología y de estar inmersos en la dinámica de un mundo globalizado, la población sigue preservando sus raíces culturales y poniendo en ellas ese sello que solamente los mexicanos le saben imprimir, en cada una de las regiones de la geografía donde se ubican sus 31 estados y su Distrito Federal, cuyas fiestas en particular conforman ese abanico de identidad nacional.
Quien ha presenciado y vivido un carnaval puede dar cuenta a detalle de una de las representaciones más coloridas y tradicionales de México, según información proporcionada por el Portal Oficial de Turismo de México (2013), estos eventos llegan al hermoso estado de Veracruz en el año de 1866 durante el gobierno de Maximiliano de Habsburgo cuyas festividades procedentes de Roma tenían como principal objetivo el culto al Dios Momo el cual era deidad de las bromas además de ser considerado el rey feo. Fue durante esta época cuando los habitantes de este bello puerto solicitaron a Domingo Bureau, prefecto superior de Departamento, el permiso para festejar la Fiesta de las Máscaras, la cual consistía en bailes de disfraces realizados en los principales centros sociales, donde el pueblo daba rienda suelta a la diversión y el buen humor. Al principio solo se hacía en salones para cantidades pequeñas de personas, pasando después a las calles del lugar para que toda la gente participara de las celebraciones.
Celebraciones de esta talla y naturaleza se llevan a cabo también en Campeche en donde tiene lugar una tradición muy singular llamada el “baile de la cabeza de cochino”. Esta danza es protagonizada por hombres y mujeres ataviados con trajes típicos; uno de ellos carga sobre la cabeza una charola donde se asienta la cabeza de un cerdo, el carnaval termina con la quema de Juan Carnaval que está representado por un muñeco.
Qué decir del estado de Sinaloa, concretamente en el municipio de Mazatlán donde el carnaval se desarrolla los cinco días previos al miércoles de ceniza. Al son de la tambora (instrumento de percusión similar al tambor), miles de visitantes y nativos son atraídos hacia la fiesta más representativa de Sinaloa. En estas fechas se escucha por doquier la música de banda, popular en todo el norte del país.

En este recorrido por las fiestas mexicanas se llega al estado de Morelos cuyos poblados se inundan de colores, comida típica, música de instrumentos de viento y tamboras y, sobre todo, risas y bailes. Se llevan a cabo eventos culturales y de entretenimiento, como exposiciones de arte, juegos mecánicos y desfiles con carrozas de vistosos colores, además se representa una de las danzas más divertidas “Danza del brinco” la cual desarrollan los chinelos los cuales se visten con túnicas de seda y llevan máscaras con barbas puntiagudas y mejillas rosadas, recorren las calles del poblado y terminan su camino en la plaza principal.
La siguiente parada se realiza en el estado de Tlaxcala en donde se lleva a cabo uno de los festejos más fastuosos del país. La fiesta comienza con un colorido desfile de bailarines, carros alegóricos y comparsas. Recorren las calles grupos de danzantes conocidos como camadas. A sus integrantes se les llama huehues, palabra que deriva de “huehuetéotl”, el Dios náhuatl del fuego y la sabiduría. Los huehues o “viejitos” representan a los antiguos hacendados. Visten elegantes pantalones, chalecos, camisas de mangas largas, corbatas y zapatos pulidos. Llevan capas de colores brillantes, bordadas con lentejuelas y chaquiras. En sus sombreros portan plumas que simulan penachos indígenas, y sobre sus rostros colocan máscaras con rasgos españoles. A pesar de lo complejo y costoso de sus trajes, los renuevan cada año para realizar su danza con la mejor presentación posible.
Antes de centrar la atención en otro de los bellos estados mexicanos se hace necesario mencionar el carnaval de Mérida el cual dura ocho días en los que tienen lugar diversas actividades culturales y de entretenimiento, como la coronación de los reyes y la quema del mal humor. Este último evento se celebra en la plaza principal de la ciudad; comienza con la lectura en voz alta de una condena al mal humor, se prende fuego a una figura que lo representa y posteriormente se da paso a un vistoso espectáculo de fuegos artificiales.
Los festejos siguen por todo la largo y ancho de la geografía nacional, haciéndose presentes también en las típicas ferias y festivales más representativos, comenzando con la Feria Nacional de San Marcos que se celebra en la ciudad de Aguascalientes en los meses de abril y mayo de cada año, el Festival Internacional Cervantino que se desarrolla en la ciudad de Guanajuato, en donde se presentan nutridas exposiciones culturales de los cinco continentes.
La tradicional Guelaguetza que presenta los bailes de sus propias comunidades y los expone frente a un público masivo que festeja la multiculturalidad. Mixtecos, istmeños, serranos o costeños, irrumpen en una fiesta donde el color, las sonrisas, la alegría y el orgullo local desbordan el Auditorio Guelaguetza, en el Cerro del Fortín, o uno de los eventos con mayor espectacularidad que se da lugar en el estado de Chiapas en donde se realiza la danza de parachicos la cual representa el momento culminante de la Fiesta Grande de Chiapa de Corzo, cuyo vistoso atuendo consta de una máscara laqueada con facciones de un español de ojos azules o verdes, con barba de candado, tocado o “montera” elaborado con fibra de ixtle, un sarape tipo Saltillo, chalina bordada y un chinchín o sonaja de lámina, según algunos registros es una ofrenda colectiva en la que actualmente se calcula participan seis mil personas, y está dedicada al Señor de Esquipulas (o de los Milagros), San Antonio Abad y San Sebastián Mártir, patronos de la comunidad.
En este breve viaje realizado a través de la pluma y la palabra escrita se da testimonio de que México es un país único e irrepetible en el mundo por sus fiestas llenas de alegría, colorido, cultura y tradición pero sobre todo, de esa identidad que seguirá viva al son de la dinámica globalizante que impera en este siglo XXI, la bandera con sus más bellos matices seguirá ondeando en este México que en náhuatl significa “ombligo de la luna” y que para todos sus habitantes se convierte en el centro del mundo y ese lugar privilegiado donde Dios puso su mano para ofrecer una de las culturas que se vive, se preserva y se enriquece todos los días, y como Chucho Monge escribió:
México Lindo y Querido,
si muero lejos de ti
que digan que estoy dormido
y que me traigan aquí.

Que digan que estoy dormido,
y que me traigan aquí
México Lindo y Querido
si muero lejos de ti.                                                                




"En México se casaron
como en Calvillo se tiene 
costumbre
los papaquis no faltaron
para avivar un amor que era lumbre.
Cometa de haber sabido
que le esperaba esa suerte
Don Pancho Madero habría
escapado de la muerte.

Pudo más la tradición 
de aquel borracho indecente
que a Madero quitó la vida
cuando era un inocente..."